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Acciones de Arte en el espacio público de Morelia

About This Project

Acciones de Arte en el espacio público de Morelia

 

Dr.Pedro Celedón

Pontificia Universidad Católica de Chile

 

 

 

La ciudad es tal vez el más grande y complejo invento de nuestros antepasados para producir inmediatez y humanidad. El crisol de mayor envergadura en cuyo interior se forja el alma individual y sus redes colectivas. Todo cuerpo social se ha generado en gran medida condicionado por el adn  que cada una de ellas impregna a quienes la habitan.

Mucho antes de que se materializara la actual situación – en la cual más del 50%  de la población mundial vive en ciudades – su cultura ha sido el motor de la historia. Su morfología, inscripción territorial, clima y sobretodo su  espíritu construyen el relato metonímico que los habitantes se dan colectiva e individualmente en ellas.

A través del uso y las dimensiones simbólicas que posee su particular constructo se establece la forma que cada comunidad tiene para relacionarse, propiciar caracteres, modos de entender y soñar mundos modelados desde ese microcosmo compuesto por complejas redes de circulación, espacios de acogimiento, distribución, moradas para que descansen eternamente los antepasados, espacios sagrados, zonas privadas, públicas, reguladas, altamente vigiladas, de castigo y no pocos espacios prohibidos…

Lo expuesto no es sordo al argumento de que somos los seres quienes le damos carácter a las cosas, pero es claro que estas no son inocuas y menos ese espacio urbano construido por acumulaciones de logros y fracasos que trascienden y desbordan a toda vida individual. Este adquiere con el aporte generacional sentido y fuerza para moldear el alma de quien lo habita,  lo cual es reconocido por sus pares como también por quienes viven en otras ciudades o territorios externos.

Este principio de un ser- ciudad lo podemos ver claramente a través de la historia. Es fácil imaginar el sentimiento de seguridad que experimentaban los primeros asentamientos urbanos cuando el Chaman se instalaba en el centro de la aldea, asegurando con ello la armonía del axe mundi. Seguridad que compartieron asentamientos complejos y sofisticados en  la Mesopotamia de Nabucodonosor II con ciudades como Babilonia,  protegidas en puertas y muros por la figura de sus dioses, a la vez que albergaban en su interior la proximidad celestial gracias a sus Zigurat.

¿Cómo disociar la ferocidad y la arrogancia de los Mexicas que habitaban en Tenochtitlan, del hecho de que fuese construida sobre el poder de su voluntad y con el apoyo de dioses? Su propia ciudad de origen mítico les enseñaba a domesticar a la naturaleza y consecuentemente a intentarlo con todos los hombres.

El concepto de que una ciudad es en- sí altamente poderosa lo han compartido civilizaciones distantes y significativas como la Inca y Romana, manifestándose entre otras cosas en que cada vez que las personas se cruzaban en el camino, siempre tenían la preferencia quien venía de salir de Cuzco o de Roma, ya que se le asignaba el estar en ese momento imbuidos de sus atributos sagrados.

   Es importante remarcar que en cada una de estas ciudades fueron los artistas quienes a través de sus creaciones dieron visualidad cotidiana a los grandes conceptos que las sostienen. Sus cantos, danzas, pinturas, esculturas, edificaciones, creaban urbanismos simbólicos en ciudades paradigmáticas del encuentro entre arte-espacio público y vida cotidiana, como es posible verlo todavía en  Agra, Benarés, Bodh Gaya (India), Vaticano (Italia) , Jerusalén, Belén( Israel), Santiago de Compostela (España), La Meca, Medina (Arabia Saudí), Lhasa (Tíbet), todos espacios enriquecidos por creaciones de arte que acompañan el día a día de plegarias y ruegos, enfatizando así  la devoción y “consagrando la vivencia primigenia” (Duque. 2001).

Pero no es éste el modelo que hoy predomina mundialmente sino las ruinas de una ciudad estructurada desde el sueño republicano que se inicia en el siglo XVII y  su deslazamiento definitivo desde el audaz proceso de una nueva ciudad que se le superpone: La Ciudad Marketing de fines del siglo XX, hija de la espectacularidad de una cultura mercantilista que no da indicios de detenerse.

La vida Republicana, uno de los últimos paradigmas colectivos que implicarían cambios verdaderamente radicales (como es el paso del poder político desde la gracia divina a la voluntad de los pueblos) reclamó el dialogo arte y ciudad. Para asentarse en sus inicios invocó formas que contuvieran y multiplicaran una revolución que en muchos partes todavía no concluye: gobiernos democráticos, instituciones de bienestar colectivo, espacios en donde se glorificara y practicara lo público, lugares todos construidos por artistas para recordar y multiplicar las buenas nuevas de la igualdad, solidaridad y libertad que inspiraron el surgimiento de cientos de naciones. Allí el arte estaba presente, luchando por el ensanchamiento de estos ideales, dando forma a la libertad que guía al pueblo, a la casa de todos que sería la de la presidencia, a la biblioteca colectiva, a la memoria de las acciones y del arte, al hogar de la justicia, anhelos todos contenidos en grandes espacios de líneas neoclásicas que traían al sueño del presente la fuerza citadina del periodo greco-romano.

Pero poco a poco se fue restringiendo la presencia del arte del corazón de la ciudad y se le fue asignando lugares y fechas específicas para participar en las celebraciones, conmemoraciones, fragmentos de algún evento, festival, rincón, rinconcitos de plazas y calles… desde donde participar con arte en forma intermitente en la vida citadina.

¿Cómo no lamentar que desde hace más de un centenar de años los artistas y quienes contribuimos a la educación e investigación del arte hemos ido aceptando el No- tener una presencia continua, estable, próxima y masiva en los espacios públicos de la cotidianidad? Es claro que en esta jibarización del dialogo arte –ciudad quienes nos identificamos al interior del sistema del arte tenemos una gran cuota de responsabilidad. Fuimos dejando primero las calles, las plazas, los edificios públicos, los templos en manos de soluciones urbanísticas y de normativas municipales; luego del diseño publicitario, industrial y finalmente al lenguaje del marketing quien es hoy en definitiva quien dialoga con los transeúntes y los conquista a diario.

El carácter que la ciencia del comercio impregna a la ciudad  está lejos del espíritu político y civilizador del sueño republicano, lejos de propiciar una invocación de la calle como “la patria de todos los sin patria”, como ese lugar en donde el artista desposaría a la multitud y encontraría en lo cotidiano la trascendencia que proclamaba Baudelaire en un texto ineludible, El pintor de la vida moderna.

Consecuente con su sustento ideológico el marketing urbano no es de desarrollo espontaneo sino que planifica y crea una demanda. En su planificación inciden factores muy amplios diferenciados en Funcionales y Culturales, con los cuales crea la imagen-ciudad a partir de una definición (agrícola, cultural, de recreación, tecnológica…). Luego diseña el modelo de centro urbano que lo propicie y acoja, situación que se estrenó en Europa gracias al Centro Estudios Urbanos del Ayuntamiento de la Ciudad de Barcelona que a mediados de la década del 80 transforma su ciudad en el ideal “para la clase media mundial” y hoy tiene un epicentro de espectacularidad incomparable (pero seguible) en Masdar, Emirato de Abu Dabi (Emiratos Árabes) en donde dos grandes oficinas de arquitectos dirigidas por Norman Foster construyen en pleno desierto la ciudad más tecnológica y segregada del planeta (Cabe aquí recodar que Foster es uno de los arquitectos presentes desde los inicios en la reconversión urbana de Barcelona).

Es necesario comprender que estas operaciones no solo construyen ciudades puntuales como las señaladas, sino una lógica urbana que se extiende con ferocidad. La ciudad-marketing genera ámbitos en el que el ciudadano es acogido en una racionalidad mezquina, en un entorno pragmático, muchas veces a- estético con el cual la sociedad diseña lugares seudo-públicos en los que controla con facilidad su uso, restringe el desplazamiento e intenciona las relaciones no hacia la conciencia de la inmediatez con la que se fundaron las ciudades y permanecieron en la historia, sino hacia la transformación del individuo en un consumidor segregado y ojalá impulsivo.

El modelo propicia el desplazamiento de multitudes solitarias y narcisistas a través de espacios segmentados según edad, capacidad económica e incluso étnica. Ciudades que generan “espacios- mercancía”  (Debord. 203)  y en la cual sus habitantes colectivamente van cambiando libertad por la seguridad  y  alimentando a la soledad y la desconfianza en una cultura fundada sobre el miedo para hacer más fácil su trabajo de control., lo cual entre otras voces ha sido denunciado lucidamente por Noam Chomsky.

En esta dinámica  la ciudad terminará siendo un gran dispositivo contextual  en el cual “el otro” es solo un eterno extraño con el que contactamos para transar servicios u objetos, desinteresándonos de su vida, de su historia, renegando de las convergencias que evidencian toda inmediatez y desechándolas cuando ya no produzcan los suficientes beneficios como vemos hoy que se hace entre otras ciudades con Ditroit (USA).

Su ancestral rol de generadora de identidad  se busca destruir con la misma fuerza que se instaló hace tan poco (pero con indiscutible efectividad)  la semilla de la “identidad nómada” en almas individualistas que como desarrolla Zygmunt Bauman en su texto En busca de la política, ya no recuerdan en que momento “la amistad y la solidaridad, que eran antes los princípiales materiales de construcción comunitaria, se volvieron muy frágiles, muy ruinosos y muy débiles!” (Bauman p 23).

¿Cómo podrán en este contexto las ciudades conservar sus espacios de carácter político, social, relacional, humanista, si sus morfologías y sistemas van adhiriendo a una pragmática desde donde obtiene narraciones para desintegrar la trama social con el arma más efectiva del marketing: el descompromiso del uno para con el otro y el descompromiso del ser entre las cosas.

Convergencia(s), un ejercicio contracorriente.

 

Convergencia(s), taller  que se ha desarrolló entre el 13 y 17 de julio  en Morelia gracias a la Secrtaria de Cultura de Michoacán atraves de la Dirección de formación y  educación, departamento de vinculación con el sisstema educativo y   el Patrocinio del Centro de estudios internacionales de la Pontificia Universidad Católica de Chile, es una investigación aplicada que propicia reflexionar sobre el cómo participar desde el arte en el cotidiano de la vida de nuestras ciudades. Está direccionada a generar intervenciones que son producto de una exploración en un espacio, un locus – un sitio específico. Partimos de la convicción de que  todo “lugar” da cuenta de distintos niveles de comunicación susceptibles de abordar dese la tríada::

-Morfología: Compuesta por materialidades  con las que podemos interactuar y revitalizar con una acción poética, ya que nos abre generosamente el ámbito de las texturas, colores, ángulos, escalas, olores y formas que son patrimonio tangible de esa localidad                                                                     – Memoria: Los lugares en condición de testigos y participes de la historia son portadores de la memoria del colectivo humano que los utiliza, por lo que tenemos que estar atentos a las fuerzas pregnantes de las costumbres locales, al patrimonio intangible de los pueblos en los cuales vamos a interactuar desde el arte. La personalidad/ identidad de cada región, de cada barrio, calle, plaza, se refleja en cuerpos que se comportan, se visten, desplazan, miran y sonríen de una forma determinada, generando núcleos de sentido a pesar de la globalización uniformizarte en que vivimos.

– El Habitante: A nuestro juicio piedra angular de la vida y sujeto de estas intervenciones, el individuo, ese fragmento silenciado por las generalidades del lenguaje preferido del marketing: las estadísticas, ciencia de la abstracción que mantiene ensombrecida y las más de las veces invisibilizada a la molécula que constituye y hace vivir al cuerpo social.

Así como Baudelaire convocaba en el inicio de la vida república al “Flâneur”, a ese “caminante lucido” que se involucra en la vida citadina, Martin Heidegger en medio de las ruinas de las ciudades republicanas de la europea de posguerra escribe un texto fundamental, Construir, Habitar, pensar, en el cual  enfoca la atención hacia el “Habitante”, un ser capaz de concretar “el gesto de cultivar y cuidar un lugar específico, estando satisfechos (en paz) por permanecer en él” (Heidegger. p 3)

Los habitantes según esta definición son los jardineros fieles del cotidiano, los alquimistas de los espacios, los verdaderamente capaces de transformar en poesía lo banal. Viven cada día la ciudad desde un lugar específico, siendo partes de los órganos de una historia que se escribe sin narrarlos. Pero sin ellos el lugar sería otra cosa, perdería su riqueza, la luz que nos atrae y en la que reconocemos el perfume de la humanidad. Son una minoría en todas las urbes, pero son ellos/ellas los que invitan constantemente a fecundar un instante en que se abraza la profunda humanidad que en cada persona radica.

      Convergencia(s) está diseñada para contactarlos. Su metodología implica encarnar el concepto de invitar y no conquistar. Propicia la búsqueda, reconocimiento y luego una delicada aproximación al habitante heideriano. De los diferentes encuentros se escribe una historia sintetizada en unidades temáticas que llamamos imágenes (de su familia, de lo esperanzador, del agotamiento…). Con estas vivencias atesoradas se construye un guion que finalmente se traduce en acciones desplegadas en los fragmentos de la  ciudad que cada habitante ocupa cotidianamente. Estos devienen una isla que se sabe parte de un archipiélago simbólico, de una geografía efímera y poética.

La intervención exige descubrir el intersticio social que nos permita fecundar en la cotidianidad de un espacio e instalar un acontecimiento en que las fuerzas latentes de ese lugar se desplieguen operando como umbrales hacia la vitalización del aliento de lo local. Se inscriben estas intervenciones en el concepto de obra espacial de relaciones, que como invita Nicolás Bourriaud en La estética relacional, esas que “no tienen como meta formar realidades imaginarias o utópicas, sino construir modos de existencia o modelos de acción dentro de lo real ya existente” (Bourriaud p.12)  Cuando la intervención termina, decanta en cada espacio la memoria activada de sus  “habitantes”.

El taller se ha realizado en cuatro  oportunidades: Montevideo (2013) con actores/actrices, Morelia (2013) con bailarines y coreógrafos, Fortaleza (en Febrero 2014) con artistas visuales y de performance. Y actualmente se realiza  en Morelia (Julio 2015) con un grupo compuesto por Filósofos, Historiadores, pedagogos, académicos, artistas visuales, teatristas, músicos  y bailarinas, que en s conjunto intervendrá a 8 habitantes del casco antiguo de la ciudad, dirigidos por un equipo compuesto por quien escribe (catedrático PUC), Teresa de la Luz Chavira (docente, bailarina y coreógrafo, presidente de la ONG  Formación continua para las artes Alta marea), Antonia Izquierdo (profesor de Yoga. Dinámicas de grupo) Erick  Legaria  (documentalista independiente y secretario de Alta marea AC)

 

A modo de conclusión

 

Convergencia(s) es una instancia de reflexión sobre arte, espacio público y vida cotidiana, su metodología está enfocada a señalar la riqueza de la ciudad como material y soporte, pero, sin atender solo  el patrimonio tangible, o  las morfologías sugerentes y las memorias insertas en la arquitectura, sino por sobre todo a los individuos que las habitan. Con ellos construye preguntas, genera vivencias para que luego se desarrollen obras, intervenciones, acontecimientos, pliegues, repliegues.

Es un proyecto en proceso que obedece al deseo de vivir un arte inserto en el flujo diario de la vida citadina, de generar en forma permanente un dialogo estrecho que invoque a las fuerzas capaces de fecundar en la inmediatez del ciudadano. Como ejercicio académico estamos conscientes de que es algo que buscaron y encontraron grupos de vanguardias como los Situacioncitas y el Tercer teatro, a ellos va nuestro reconocimiento.

Existe en nosotros el deseo de inscribirse en la deriva de esas rutas, de trabajar en las profundidades del cotidiano, escarbar allí las capas de la comunicación generando túneles rizomáticos en medio de los signos visible para extraer desde su fondo el brillo de la humanidad, relevando vidas, amplificándolas y multiplicándolas como sabe hacerlo la extensa familia de las prácticas de arte.

Creemos que es urgente que los artistas se involucren nuevamente en la cotidianidad de las ciudades ya que la calidad de vida decae a pesar del progreso material que logran muchas de ellas. Sabemos que las cámaras de vigilancia, la segregación espacial, la proliferación de espacios protegidos, centros comerciales, fraccionamientos/condominios, parques temáticos, el universo mediático y una cadena de guardias urbanos públicos y privados, son los encargados de expulsar de la ciudad a todo germen que apele a instancias de libertad cultural, simbólica y poética, ya que ellos saben que podrían levantar las barreras hacia lo imposible.

Pero también sabemos que toda vigilancia y control tiene su lado frágil y  que a pesar de las inversiones gigantescas del modelo, los espacios públicos continúan ofreciendo un potencial enorme para trabajar en contra de las dinámicas de desintegración de los valores sociales y recrear lenguajes, técnicas, materiales, estrategias para adherir una segunda piel al espacio público, una piel poética que tienda a la re-composición de la densidad de los nexos sociales y  a la reconversión de espacios mercancías, en territorios existenciales.

 

 

Bibliografía

 

Bourriaud, Nicolás, Estética relacional, Ed. Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2006

Bauman Zygmunt, En busca de la política, Ed. Fondo de cultura económica, Buenos Aires, 2001

Debord Guy, Comentarios sobre la sociedad del espectáculo, Ed. Anagrama, Barcelona, 2003 (Tercera edición)

Duque Félix, Arte público y espacio político, Ediciones  Akal, Madrid, 2001

Heidegger, Martin, Construir, habitar, pensar. http://www.farq.edu.uy/estetica-diseno-ii/files/2013/05/Heidegger

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Date

20 November

Category
Historial